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Tarragona Romana y Medieval

Tarragona Romana y Medieval

JULIO 2018

Tarraco, segunda capital del Imperio Romano

Desde su fundación romana, en el 218 a.C., Tarragona se erige como una de las capitales más relevantes y más longevas de toda la península ibérica. A pesar de que los íberos habían vivido cerca de Tarraco, fueron los romanos quienes trajeron riqueza, innovación y fama al territorio. 

Durante la República, se produjeron las llamadas Guerras Púnicas que fueron una carrera hacia la conquista de los territorios de la periferia mediterránea. Tras ganar la Primera Guerra Púnica, los romanos desembarcaron en nuestras costas con el objetivo de arrebatarle a Hanníbal su parte de la península ibérica. Tarraco, que empezó siendo un asentamiento militar, acabó convirtiéndose en una de las tres capitales del Imperio Romano.

La ciudad acogió al emperador Augusto durante el primer cuarto de siglo I a.C., por lo que se convirtió en capital del mundo romano. Durante esa época tanto la ciudad como Hispania florecieron y así lo demuestra la construcción de la Vía Augusta, el Acueducto de las Ferreras (o el Puente del Diablo) y el Teatro. A pesar de los conflictos y excentricidades generados por las sucesiones imperiales (recogidos en La vida de los doce Césares), Tarraco siguió creciendo y aumentando su patrimonio urbanístico. El fórum y el circo se construyeron pocas décadas después de la muerte de Augusto y a finales del siglo II d.C. se terminó el anfiteatro. En este mismo anfiteatro, murió quemado San Fructuoso que fue víctima de la persecución cristiana por parte del imperio. Posteriormente, en medio de las arenas se construyó una iglesia en su honra.

La leyenda de Santa Tecla y Tarragona después de Tarraco.

El esplendor de Tarragona decayó con el Imperio y pasó al ostracismo durante gran parte de la Alta Edad Media (del siglo VII al XI). La ciudad cayó en manos de los visigodos y posteriormente del ejército árabe-bereber. Las pugnas por el control del territorio entre los árabes y los ejércitos de los reinos cristianos no cesaron hasta el siglo XI. Los cristianos tomaron finalmente el control de Tarragona y empezaron a habitar el recinto del forum romano. Tarragona volvió a una cierta estabilidad y empezó una expansión urbana que culminaría con la construcción de la catedral en 1171 y su consagración en 1331. 

La catedral está dedicada a Santa Tecla, patrona de la ciudad, a quien se le atribuyen numerosos martirios. Dice la leyenda que tras salvarse milagrosamente de muchos castigos, se retiró en una cueva. Ésta fue rodeada, al cabo de poco, por un ejército de soldados que pretendían darle muerte. Santa Tecla, antes de ser masacrada por esos hombres, obró un milagro haciendo que se derrumbara la cueva con ella dentro. De Santa Tecla no quedó nada más que su brazo expuesto, que sería recuperado por sus seguidores. Actualmente la reliquia del brazo de Santa Tecla se guarda en la Catedral de Tarragona.

Aunque Tarragona ha seguido siendo un puerto mediterráneo muy relevante, tuvo que lidiar con varias guerras (especialmente la Guerra del Francés) que dificultaron enormemente su prosperidad y destruyeron repetidamente partes de la ciudad. El hecho de que sus ruinas romanas se hayan conservado tan bien es, por tanto, un milagro que no podemos dejar de celebrar. 

 

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